
- ¿Qué haces chacal?-
- Renegando pollo, no sale nada me siento un pelotudo-
- Estas parado todavía, ¿Cómo la piloteas?-
- Como puedo-
- Mira, yo te puedo ayudar-
- dale, dale ¿que tenes? –
- Y mira…un amigo mío labura en un pelotero y falta gente de seguridad, hace poco estuve yo. Hay buena guita-
- ¿Cuánto es buena guita para vos?-
- $350 la noche de jueves a domingo-
- ¿toda la noche?-
- De 7 de la tarde a 10 de la mañana-
- Dale mi teléfono-
- ¿seguro?-
- ¿Qué me puede pasar?-
- Te pueden cagar a palos o a lo sumo te terminas enamorando de una puta y quedas como un boludo-
- No seria la primera vez-
Aparecí un jueves a la tarde, no soy alto: mido 1,76, ni tengo aspecto de patovica, pero me sobra espalda y soy un poco gordo. Si le sumamos la campera abrigada, la carga emocional y la plata que me esperaba a fin de jornada…valía la pena estar ahí. Las chicas me recibieron bien –“uy! Es un pendejo”- fue la respuesta general a mi llegada (y tenían razón) confiaban su seguridad en mi y aunque algunas eran de mi misma edad a partir de ese momento pase a ser inevitablemente “el pendejo”.
Se burlaban de mi y yo no sabia si avergonzarme, sonrojarme y dejarme caminar o ponerme recio y que 8 mujeres en portaligas me destajaran vivo. A las 4 horas de estar ahí, ya éramos amigos, salía de la oficina a observar de vez en cuando y me sentía en paz. El lugar era maravilloso, los pasillos iluminados en luz negra, la luz de neon lateral, la barra siempre llena, los hombres en un estado de felicidad altísimo, comparable no al amor, pero si a esos cariños ocasionales (eso es mas que lógico) tan lindos, tan cortitos, tan lejos de un conflicto.
Con los días me fui conociendo de las chicas, de burlarse de mi y tenerme de punto, pase a ser el juguete de todas, me trataban bien, realmente bien, como a un nene. Realmente. A la noche la frase era: “y pendejo ¿que queres comer?” o; “¿Qué tomas nene?” si era mas tarde.
Ahí aprendí que hay que nacer para ver algunas cosas con normalidad, yo cumplía mi trabajo que era no hacer más de lo que la billetera ajena podía gastar. Llego un momento que arrastrar borrachos o apurar a pibes de mi edad a que me mostraran el documento ya me resultaban tareas indignas…por eso hablaba con la gente, les explicaba como funcionaba el mundo de las puertas para adentro, les enseñaba a recibir un buen trato en pasos sencillos. Mal no me iba, había muchos tipos habitúe del lugar que decían: “por que el pendejo sabe” y así.
Hablar con las chicas era de mi trabajo la parte más rica, más triste y más dolorosa, por que un trabajo así es para no involucrarse, generar un vínculo en un lugar así, puede tener consecuencias peligrosas. ¿Pero como no encariñarse? ¿Como no involucrarse? Si estaba rodeado de mujeres maravillosas, que vivían de día vidas diferentes, con familias. Que de día eran mujeres y de noche “prostitutas” o “trolas” en su defecto. Por que “puta” no es lo mismo que “prostituta”. Según ellas: “puta” es de la condición femenina, la más baja y abyecta que puede existir. Un ser sucio, traicionero y egoísta, mientras que la “prostituta” no es mas que una mujer que trabaja con su cuerpo por necesidad, por comodidad, por gusto… Escuche tantos motivos, que no me sorprende pensar que también exista la mujer que lo haga por diversión.
Mis preferidas siempre fueron Natalia (Celeste) Adrianita (Shamira) y la negra Elizabeth (Paola). Con las tres mantengo contacto.
Se que Natalia, ahorro, puso un local de ropa y estudia derecho. Que se mudo al centro de Quilmes sola y pretende que Layla y yo volvamos a estar juntos. Adrianita compro un auto y lo puso de remis, cambio de lugar y ahora esta instalada en capital, en un departamento que no comparte con ninguna chica. Mientras que la negra Paola sigue ahí detrás de la persiana verde viendo crecer a su nena de a poco, hablando conmigo seguido, retándome seguido (en un portuñol, tan gracioso como exitoso) –“mira como estas, con los pelos largos y barbudo, date bola che!!! Sos lindo pendejo vos, pero así pareces un sanputa”-.
Mi trabajo empezó un jueves en Agosto y termino un sábado en Noviembre, en el medio Layla y yo nos separamos y sufrí con ellas la separación, aunque ellas se enojaron más conmigo por que cuando nos dejamos ya se habían encariñado con ella.
En fin, me dieron de comer, ocho mujeres en portaligas me dieron de comer con la plata de otros hombres (solos o escapados) y me dieron una clase de fidelidad: a uno mismo y a todas las cosas. De mi repertorio un blues (el mas fiel de los que compuse) es para ellas.







